Mi abuelo se casó con una criolla y se fueron a vivir al campo

Mi abuelo se casó con una criolla y se fueron a vivir al campo
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Corren por mis venas gotas de sangre gala mezclada con la sangre charrúa de mis ancestros.Hace muchos inviernos que mi abuelo cruzó desde Provença hacia el Piamonte en brazos de su padre. Y pasaron, y pasaron y pasaron...Y de alguna manera, por extraños designios del destino, un día cruzaron el océano hacia nuevas tierras, cargados de sueños.

Uruguay era una tierra próspera, que prometía con sus verdes praderas, donde la ganadería y la industria frigorífica se desarrollaban con frenesí.Un país pequeño, con el corazón grande para acoger a todo ser viviente.Por eso somos ese crisol de culturas, donde lo del viejo mundo se funde con las raíces autóctonas y nutre una cultura universal. Si preguntas por nuestros orígenes siempre encontrarás ese crisol.
Mi abuelo se casó con una criolla y se fueron a vivir al campo. La tierra generosa les dio sus frutos.Allí fundaron una gran familia.En los fríos inviernos, cuando aún no había salido el sol, aún adherido a los sueños de la noche,calentaba sus manos junto al hogar, mientras desayunaba para empezar la dura jornada.Pero en aquella casa, en aquella tierra tejió sus sueños junto a mi abuela. Y cuando caía el sol y retornaba de sus labores, cuando cenaban a la luz de la lámpara y hablaban y reían, la vida tenía sentido. Y en la noche, cuando se apagaba la lámpara y podía escucharse el silencio, apenas interrumpido por los sonidos de los animales nocturnos, aquellos cuerpos jóvenes daban fé de estar vivos y despiertos y el amor brotaba a raudales, en aquella casa rústica, en medio de aquel paisaje agreste.Y el vientre de mi abuela se henchía. Y la casa se llenaba de risas y de juegos; pronto hubo muchos niños y muchos esfuerzos redoblados de los dos por mantener la familia y hacer producir la tierra.

Pero era un tiempo anterior a los antibióticos...quizás una mañana helada una neumonía lo tumbó y heló sus ojos claros para siempre, aún joven, aún vital y con sus sueños intactos.
Cuando contemplo a los mayores pienso en como sería mi abuelo. Pienso en como sería ese tiempo en que los mayores contaban cuentos a sus nietos en invierno al calor del hogar; la magia de una voz cálida y el calor del fuego, abrigando el corazón para todas las noches de invierno del porvenir.

Y pienso en lo que fueron todos y cada uno, cuando no tenían un ayer que recordar...

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Inés Besson

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