PUBLICADO EL 04/05/2021
Hay alimentos y medicamentos que no se deben mezclar para asegurar una buena absorción de los nutrientes. ¿Cuáles son? ¿Qué pasa si se hace?

Con el aumento de la esperanza de vida, nos encontramos que algunas personas mayores llegan a edades avanzadas con una buena condición de salud y calidad de vida. Sin embargo, la gran mayoría presenta una o varias patologías crónicas (comorbilidad) y para el buen control de la enfermedad se necesita la instauración de uno o varios tratamientos farmacológicos al mismo tiempo. Esto complica y aumenta el riesgo de interacciones entre los fármacos y entre un fármaco y un alimento, lo cual puede llevar a más problemas de salud. Este tema es complejo, por lo que hemos preferido que nos lo explique un profesional de FontActiv.

Las interacciones suelen clasificarse en dos tipos, en función de si es el medicamento el que afecta al alimento o, de manera contraria, la presencia de algún nutriente puede interferir en el tratamiento farmacológico. Generalmente las interacciones entre medicamentos y alimentos son mucho más frecuentes que las interacciones entre medicamentos. Sin embargo, solemos poner más énfasis en estas últimas y las interacciones entre medicamentos y alimentos suelen pasar más desapercibidas, no se detectan tan fácilmente y en muchas ocasiones son desconocidas.

Por esta razón, es importante tener presente y conocer las posibles interacciones que pueden darse entre ciertos alimentos y medicamentos, para poder realizar las adaptaciones necesarias en la dieta de manera que se pueda continuar con el tratamiento prescrito y evitar el riesgo de desnutrición por baja absorción o asimilación de algún nutriente en concreto. Nos lo cuentan desde FontActiv en este post.

¿Por qué es importante la interacción entre un medicamento y un alimento?

Lo primero que debemos saber es el significado de interacción entre medicamento y alimento. Se trata de la modificación de los efectos de los nutrientes por la toma simultánea de un medicamento y, a la inversa, la modificación de los efectos de un fármaco por la toma a la vez de un nutriente. Puede darse uno de los dos casos o ambos a la vez, es decir, ser una interacción bidireccional.

Otro punto importante es saber que los efectos de las interacciones pueden ser muy diversos, de diferente intensidad y gravedad. De hecho, cuando una interacción es suficientemente grave y relevante, convendrá el reajuste en la dosis del medicamento.

El riesgo no es el mismo en todas las personas

Hay que indicar que cada persona puede reaccionar diferente y por ello es difícil saber con exactitud lo que puede suceder cuando una persona mayor toma simultáneamente ciertos alimentos y medicamentos. El riesgo de aparición de una interacción depende principalmente de las características de la persona, incluyendo edad, estado nutricional, metabolismo, afectación de la función renal o hepática y patologías que presente.

Por otro lado, la cantidad y composición del alimento y el momento en que se ingiere con respecto a la toma del medicamento son otros aspectos importantes que considerar. En este último punto, es vital dejar muy claro cuándo debe tomarse el medicamento con respecto a las comidas que se realizan durante el día. Por ejemplo, cuando se habla de ayuno, se considera como la ausencia de ingesta de alimentos durante al menos 1 hora antes y 2 horas después de la toma del medicamento. La presencia de alimentos en el tracto gastrointestinal puede afectar al metabolismo de los fármacos, pues pueden retrasar el vaciado gástrico, aumentar la motilidad intestinal y estimular las secreciones gastrointestinales.

¿Qué alimentos y medicamentos no debemos mezclar?

No hay pautas generales que permitan prever si es mejor tomar el medicamento junto o separado de las comidas y por tanto se ha de contemplar una valoración individual para cada persona. Sin embargo, hay algunas normas generales.

  • Debe evitarse la ingesta conjunta de medicamentos con leche, café, té, fibra y minerales.
  • Una de las interacciones más conocidas y documentadas es la del zumo de pomelo con numerosos fármacos por lo que generalmente se suele recomendar al paciente no tomar esta fruta o zumos que la contengan porque la probabilidad de interacción con algún medicamento es muy elevada.
  • El alcohol no se considera un nutriente, pero merece la pena una mención especial debido a las consecuencias graves que puede tener la toma simultánea de medicación y las bebidas alcohólicas, sobre todo cuando se toman con fármacos que actúan a nivel de estimulación o depresión del sistema nervioso central (SNC).
  • La cafeína que está presente en alimentos o bebidas aumenta los efectos adversos de los fármacos estimulantes, como las anfetaminas, lo que produce nerviosismo, temblor e insomnio. Por el contrario, las propiedades estimulantes del SNC de la cafeína pueden contrarrestar el efecto ansiolítico de tranquilizantes.
  • La tiramina, presente en alimentos como los quesos, carnes curadas, judías verdes y extracto de levadura, entre otros, mientras se toman antidepresivos inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO). Esta interacción puede conducir a una crisis hipertensiva con aumento de la frecuencia cardiaca, enrojecimiento, cefalea, etc.
  • La ingesta de lácteos junto con medicamentos que tienen un compuesto químico llamado tetraciclinas afectan a la absorción del calcio. Esto no solo sucede con estos alimentos, sino que es una reacción de la interacción de los medicamentos con algunos nutrientes, como las proteínas. los fosfatos y la fibra.
  • Una dieta alta en proteínas produce una orina ácida, que aumenta la velocidad de excreción de los fármacos de tipo catiónicos, como la amitriptilina.
  • El consumo de verduras de hojas verdes y otros alimentos ricos en vitamina K1, como lentejas, judías o hígado de vaca, pueden provocar una disminución de los efectos terapéuticos de los anticoagulantes cumarínicos (acenocumarol y Warfarina).
  • La vitamina E y los ácidos grasos omega-3 a altas dosis pueden potenciar los efectos de los anticoagulantes, aumentando el riesgo de sangrado
  • La regaliz puede aumentar la tensión arterial en la persona que esté bajo tratamiento con fármacos antihipertensivos (espironolactona) y digitálicos.
  • Los alimentos ricos en grasas reducen la absorción hasta el 50% de los medicamentos antirretrovirales.
  • La leche y las sales de hierro pueden reducir la absorción de los antibióticos tipo fluoroquinolonas (ciprofloxacino, enoxacino, norfloxacino y ofloxacino) y de los bifosfonatos (alendronato, clordronato, etidronato).
  • La soja puede disminuir la absorción intestinal de levotiroxina.
  • La fibra dietética puede interaccionar con numerosos medicamentos, desde fármacos que actúan sobre el sistema nervioso, fármacos que actúan sobre el aparato cardiovascular hasta fármacos hipolipemiantes o hipoglucemiantes orales. En algunos casos, esta interacción se ha documentado con efectos positivos. Pero este tema es tan amplio que merece un capítulo aparte.

 

Medicación y alimentos, ¿Qué debo tener en cuenta? Un hombre tomándose una pastilla con naranjas en la mesa.

Hay medicamentos que reducen la absorción de las vitaminas

Asimismo, existen determinados medicamentos, con efecto antagónico de las vitaminas o que interfieren en su absorción y aprovechamiento y conducen a una hipovitaminosis. Esto puede conllevar a un estado de malnutrición. Hay infinidad de medicamentos que pueden tener dichos efectos, cada uno afectando a una vitamina en concreto. Por eso, recomendamos consultar con un profesional los impactos específicos de los fármacos que se nos han recetado.

¿Cómo evitar interacciones entre medicamentos y alimentos?

En principio es más sencillo de lo que parece después de todo lo que hemos comentado. Basta con tomar los medicamentos orales junto con un vaso de agua con el estómago vacío, una hora antes o dos horas después de la ingesta de alimentos. Con esto, nos aseguramos evitar gran parte de las interacciones que existen y son conocidas.

Si nos encontramos con que tenemos que tomar medicamentos que producen ciertas molestias gástricas con el estómago vacío, como por ejemplo náuseas, podría recomendarse la toma del medicamento junto una pequeña porción de alimento rico en hidratos de carbono refinados con una baja densidad de nutrientes.

Y en aquellas situaciones donde no puede evitarse la interacción entre el medicamento y el alimento, se recomienda una suplementación de los nutrientes afectados y un ajuste en la dosificación del medicamento, siempre bajo supervisión médica. Cuando tengamos que realizar estas adaptaciones en la alimentación, es importante realizarlas de manera progresiva y nunca bruscamente.

Y como siempre os decimos, lo mejor es consultar con la persona profesional de la salud y revisar el plan nutricional y farmacológico con el fin de poder realizar las adaptaciones que crea conveniente para el buen estado nutricional y de salud de la persona mayor.

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