PUBLICADO EL 17/12/2020
POR Mireia
En la vejez el organismo sufre cambios fisiológicos que condicionan las necesidades nutritivas, la ingesta de alimentos y el estado nutricional de los mayores.

Según la European Nutrition Health Alliance (ENHA), en Europa hay 20 millones de personas que sufren desnutrición. En el específico caso de los mayores de nuestro país, la prevalencia de desnutrición relacionada con la enfermedad varía mucho según el nivel asistencial: 2% en mayores sanos en residencia pública, 5-8% de las personas mayores en domicilio, 50% de los enfermos institucionalizados, hasta 44% de los ingresados en hospital por patología médica y hasta 65% de las personas mayores ingresadas por patología quirúrgica.

¿Por qué cuidar especialmente la alimentación de las personas mayores? 

Al llegar a la tercera edad el organismo experimenta una serie de cambios fisiológicos y funcionales, los cuales, sumados a la disminución de actividad física y otras enfermedades propias del paso del tiempo, condicionan las necesidades nutritivas, la ingesta de alimentos y el estado nutricional de los mayores.

La disminución del apetito, la pérdida del sentido del gusto, olfato…, cambios fisiológicos que limitan la capacidad de digerir y absorber los alimentos, problemas de masticación y deglución, alteraciones metabólicas y cardiovasculares como intolerancia a la glucosa, hipertensión, hipercolesterolemia, comportan una disminución de la ingesta o aprovechamiento total de alimentos y agua, aumentando el riesgo de desnutrición en las personas mayores

Aparte, también hay que considerar que hay requerimientos más elevados de algunos nutrientes para este grupo en particular, por ejemplo, el aporte proteico involucrado en la pérdida de masa muscular o la vitamina D en la pérdida de masa ósea.

Muchas personas mayores están polimedicadas al padecer enfermedades crónicas y poseen menor capacidad de defensa natural y, por tanto, mayor riesgo de aparición de infecciones.

Su actividad física disminuye considerablemente e incluso alguna de ellas tienen problemas de movilidad, que hacen que este grupo de población presente un mayor riesgo de sufrir desequilibrios o carencias nutricionales.

Alimentación para personas mayores

¿Cuáles son los requerimientos nutricionales generales de las personas mayores? 

Energía:

Las necesidades de energía disminuyen con la edad debido, por un lado, a la disminución del metabolismo basal y por otro lado, a la disminución de la actividad física. Esta situación hace que sea complicado mantener un aporte adecuado de nutrientes con una ingesta calórica baja, por lo que se hace necesario incluir alimentos de elevada densidad nutricional. La ingesta de energía adecuada debe ser aquella que permita realizar una determinada actividad física y mantener el peso en los límites aconsejados.

Proteínas:  

La deficiencia de proteínas puede dar lugar a pérdida de masa muscular, alteraciones en la función inmune y a la mala cicatrización de heridas. Las recomendaciones diarias sobre ingesta de proteínas se sitúan entre 1-1,25g/kg peso corporal

En el caso de pérdida de peso o estado catabólicos, puede aumentarse hasta 1,5g/kg peso, y de manera contraria, si existe alguna alteración renal o hepática, las recomendaciones de ingesta deben ser menores.  

Por otro lado, no sólo es importante la cantidad de proteína aportada a la dieta del adulto, sino la calidad de esta, por lo que se fomenta el empleo de proteínas de alto valor biológico, sobre todo en situaciones de falta de apetito o pérdida de peso. La proteína de elección en la suplementación de dieta de los adultos y mayores es la proteína de suero rica en aminoácidos esenciales ramificados (leucina, isoleucina, valina).

Hidratos de carbono:  

La ingesta de hidratos de carbono debe cubrir el 55-60% de las calorías totales de la dieta. La disminución de la tolerancia a la glucosa aconseja dietas con alto contenido en carbohidratos complejos y fibra, moderar el consumo de monosacáridos y evitar el consumo excesivo de sacarosa y de lactosa, si hay intolerancia.  

Por otro lado, un buen aporte de fibra es esencial para asegurar una óptima función gastrointestinal. El consumo de fibra junto con agua previene el estreñimiento al favorecerse la motilidad y reducirse el tiempo de tránsito intestinal. Se recomienda un consumo de 20 a 30g/día. En el caso de los oligosacáridos, compuestos funcionales con efecto prebiótico que actúan como fibra dietética, conseguimos ciertos efectos beneficiosos, como por ejemplo mantener el equilibrio de la microbiota intestinal, ya que poseen la capacidad de estimular la proliferación de bifidobacterias y lactobacilos del tracto digestivo.

Hidratos de carbono en personas mayores

Grasas:  

De manera general, no es aconsejable reducir totalmente el aporte de grasa en la dieta del adulto, salvo patología específica. Se recomienda, de manera general la siguiente distribución lipídica: 

  • 10-15% de ácidos grasos monoinsaturados (aceite de oliva y vegetales en general) 

  • 10% de ácidos grasos saturados (aceites de semillas, carne de ternera...) 

  • Aproximadamente un 8% de ácidos grasos poliinsaturados (aceite de pescado...) 

  • Se deben controlar los aportes de colesterol, que no deben superar los 300mg/día. 

Cabe destacar los ácidos grasos esenciales (AGE) y sus derivados de cadena larga de la serie omega-3, como el EPA y el DHA, los cuales están involucrados en diferentes procesos y se ha descrito un cierto efecto protector cardiovascular, efecto antiinflamatorio y efecto antitrombótico. 

Micronutrientes: vitaminas y minerales

Las vitamina E y vitamina C, junto con minerales como el selenio, por su carácter antioxidante protegen del daño oxidativo, mantienen las estructuras de las membranas celulares y protegen frente al envejecimiento, por lo que se recomienda su ingesta durante la etapa adulta. 

La vitamina C es esencial para el desarrollo y mantenimiento del organismo, pues colabora en el funcionamiento correcto de funciones básicas como son el sistema inmune, aparato circulatorio y el funcionamiento del sistema nervioso. Su consumo es recomendable para mantener una buena salud, ya que esta vitamina no es producida por el organismo y es esencial para la resistencia del organismo a ciertas enfermedades y para la prevención del envejecimiento. 

La vitamina D debe aportarse en cantidades importantes, pues con la edad disminuye la síntesis cutánea por baja exposición solar y alteraciones a nivel de hígado y riñón, vía principal de obtención de esta vitamina, así como la ingesta oral. Asimismo, hay que tener en cuenta que unos niveles bajos de vitamina D en sangre condiciona también la absorción de calcio en el organismo.  

El calcio es un nutriente esencial que forma parte del esqueleto óseo y los dientes principalmente, donde juega un papel importante en su mineralización. Asimismo, participa en la coagulación sanguínea, la trasmisión de impulsos nerviosos y la contracción de fibras musculares.

Las vitaminas D y C y la lactosa contribuyen a su absorción y una falta de ejercicio, una concentración elevada de proteínas y fósforo y el consumo de fitatos (fracción de fibra) y cafeína o el abuso de laxantes pueden comprometer su absorción y/o aumentar su pérdida o excreción. 

El magnesio contribuye a la relajación muscular, por lo que su carencia se puede traducir en una sensación constante de fatiga. Su déficit también afecta a una falta de memoria y dificultades en la retención. 

El hierro es esencial para la prevención de aparición de anemia ferropénica. Las manifestaciones más habituales de ferropenia son el cansancio, la debilidad y la fatiga muscular. 

Después del hierro, el zinc es el segundo oligoelemento más importante. Forma parte de numerosas enzimas que participan en vías metabólicas principales, entre ellas la obtención de energía, síntesis y degradación de proteínas. Además, su déficit ha sido relacionado con cambios en el envejecimiento, como la disminución de la sensibilidad gustativa, mala cicatrización de heridas y baja respuesta inmunitaria.  

También se ha observado que una suplementación conjunta de zinc y selenio contribuye a disminuir de manera significativa la incidencia de infecciones del tracto respiratorio. 

¿Incluye la dieta de las personas mayores todos los grupos de alimentos en la proporción adecuada?

Esto es lo conocemos como dieta equilibrada, variada y completa. Debería aportar las cantidades de nutrientes necesarias para mantener a las personas adultas o de edad avanzada en un buen estado de salud. 

Sin embargo, en ocasiones, bien por circunstancias especiales o por los cambios propios del envejecimiento, se hace necesario adecuar la alimentación básica habitual para adaptarla a las nuevas necesidades nutricionales y a las posibles limitaciones en la textura de los alimentos que se pueden consumir.

En el caso, por ejemplo, de que sea necesario aumentar la ingesta de energía, una forma sencilla de conseguirlo es enriquecer los platos habituales con nuevos ingredientes, como por ejemplo:

  • Incrementar el consumo de proteínas añadiendo queso, leche o huevo a los purés.

  • Incrementar el consumo de hidratos de carbono gracias a la sémola o las harinas.

  • Incrementar el consumo de lípidos, enriqueciendo los platos con frutos secos, aceite o mantequilla.

O también puede conseguirse incluyendo en la dieta diaria suplementos nutricionales.

Lácteos y personas mayores

¿Qué son los suplementos nutricionales, cuándo y cómo utilizarlos?

Los suplementos nutricionales son preparados que se caracterizan por su elevada concentración de nutrientes, y que tienen como finalidad suplementar la alimentación habitual en aquellas circunstancias en las que las necesidades nutricionales se ven aumentadas o la capacidad de ingerir alimentos se encuentra limitada.

Su utilización ayuda a evitar deficiencias nutricionales que pueden favorecer el aumento del riesgo de numerosas enfermedades y problemáticas, especialmente de aquellas asociadas a la edad como son una mayor incidencia de infecciones, agravamiento de patologías crónicas, retraso en la cicatrización de úlceras de presión o cicatrices, o alargamiento de periodos de hospitalización.

La toma de suplementos nutricionales ha demostrado mejorar la calidad de vida y reducir la aparición de complicaciones, ayudando a mantener hasta edades avanzadas una vida activa e independiente. Se recomiendan especialmente en estas situaciones:

  • Sensación de cansancio, falta de energía.

  • Pérdida de apetito y ganas de comer.

  • Pérdida de peso de manera involuntaria.

  • En situaciones de convalecencia o recuperación de una operación.

  • En caso de trastornos digestivos y/o de la masticación que limite o impida comer todo tipo de alimentos.

  • Ante una necesidad extra de nutrientes.

Los suplementos pueden integrarse fácilmente en la alimentación de las personas ya sea añadiéndolos a los platos ya preparados para enriquecerlos nutricionalmente o fuera de las comidas, a modo de desayuno, merienda o recena.

Esperamos que esta información te haya resultado interesante y te animamos a que consultes con un profesional si crees que la alimentación que estáis llevando a cabo no es la adecuada o suficiente y piensas que un suplemento nutricional podría seros de ayuda. La información nutricional ha sido proporcionado por Fontactiv, de Laboratorios Ordesa, expertos en nutrición desde 1975. 

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